La guerra de México y Estados Unidos, 1846.

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La relación de nuestro país con su vecino del norte siempre ha sido muy particular. Probablemente habrá quien considere que las relaciones son estrechas y de compadrazgo, sin embargo no siempre ha sido así. Si nos remitimos al año de 1846 podemos recordar una disputa bélica que duró un par de años.

Durante su historia, México presenta varios capítulos manchados en sangre que le ha otorgado triunfos y padecido grandes derrotas. Una de las guerras más destacadas, por las pérdidas territoriales, fue la guerra que tuvo contra Estados Unidos entre 1846 y 1848.

En este periodo se vivieron en el país una fuerte derrota militar, la ocupación de la capital por fuerzas extranjeras y la pérdida de grandes extensiones de tierra. Las causas del conflictos son muchas y muy variadas.

En Estados Unidos se vivía una reforma expansionista en la que sus gobernantes estaban en constante búsqueda de nuevos territorios que comprar o adherir, sin importar los medios. Por el contrario, la sociedad mexicana estaba más interesada en realizar una restauración centralista como forma de gobierno, después de las constantes guerras y luchas, primero por la independencia y después por la forma de organización política, el territorio del norte se encontraba abandonado y desolado. Esto, aunado a que muchos ciudadanos norteamericanos se quejaron por daños a sus propiedades durantes las revueltas mexicanas, crearon roces entre ambos países que desembocaron en una guerra inminente. ¿La gota que colmó el vaso? La idea de anexión del territorio de Texas por parte de Estados Unidos que concordaba con el deseo de Texas de buscar su independencia.

El entonces presidente del país vecino, James Knox Polk, basó toda su propuesta expansionista en la adhesión de Texas y Obregón a sus territorios. Inclusive lo intentaron tomando poder de las mismas. Como era de suponerse, el gobierno mexicano protestó y ambos países terminaron por romper relaciones diplomáticas. José Joaquín Herrera, el entonces presidente de México, decretó la independencia de Texas el 4 de julio de 1845, con la condición de que no se adhiriera a los Estados Unidos. Esto no fue un impedimento para el persistente vecino del norte por lo que en 1846 se inició la invasión de México a manos del general Zachary Taylor, que avanzaba desde la bahía de Corpus Cristi hasta el Río Bravo.

Imagen de la batalla

Imagen de la batalla

Meses más tarde, el intrépido general se atrincheró frente a la ciudad de Matamoros, donde los esperaba la defensa mexicana a manos del general Pedro Ampudia y Mariano Arista. Este freno a las tropas americanas hizo que el presidente Polk se impacientara y pidió al Congreso la declaración de guerra contra México, alegando incumplimiento de pagos por parte de las autoridades mexicanas. Es entonces que el 13 de mayo de 1846 se declaró la inminente guerra entre ambas naciones.

Mientras en el norte diversas tropas mexicanas intentaban repeler los ataques norteamericanos, en el centro del país se hacían nuevas reformas estructurales que concluyeron con el retorno de Santa Anna al poder y el reestablecimiento de la constitución de 1824. El nuevo presidente reunió sus tropas y se preparó para atacar al general Taylor en Saltillo, sin embargo, contó con la mala fortuna del destino y terminaron siendo vencidos y obligados a retirarse a la capital. Mientras tanto, las tropas norteamericanas, ahora comandadas por el general Winfield Scott tomaron Veracruz y se dirigieron a la ciudad de México, entrando finalmente a ella el 14 de septiembre de 1847.

Finalmente el 2 de febrero de 1848 ambos países firmaron el Tratado de Guadalupe-Hidalgo, ratificándolo el 30 de mayo de ese año, en el que se daba oficialmente fin a la guerra.

El balance de este conflicto fue claramente beneficioso para los Estados Unidos, quien logró quedarse con territorios que hoy conocemos como California, Nuevo México, Arizona, Nevada, Colorado y Utah, extendiendo la frontera de Texas hasta Río grande.

México se encontró con que no poseía un gobierno estable, sus tropas no estaban bien entrenadas ni poseían el armamento adecuando y además existía cierto pesimismo entre los diferentes estratos sociales. Es por eso que esta guerra dejó en el país una semilla de nacionalismo que antes no existía,  y que posteriormente quedaría reflejada en la aparición de partidos políticos que terminarían por dilucidar el camino que habría de seguir nuestra nación.

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Estudiante de Negocios Internacionales del Instituto Tecnológico y de Estudios Superiores de Monterrey. Coordinadora de Finanzas en la revista The Tec Globalist del Tecnológico de Monterrey. Negociadora por vocación, financiera por convicción y ávida lectora.

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