La contradicción humana y la búsqueda de la felicidad

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Reseña de Mujeres cruzando la frontera. Memorias de Violeta.

El libro del doctor Guillermo Ibarra tiene muchos méritos, entre los que destaca el ser una historia completamente verídica, cuya concepción se da a partir de un encuentro con la protagonista en la Universidad de Illinois Urbana-Champaign.

Violeta, con el ánimo de compartir los recuerdos de su vida, abre las puertas de la memoria a su paisano, investigador sinaloense. El resultado es un híbrido de novela-biográfica de ágil lectura que narra las tribulaciones de una niña que pierde a su padre, cuya familia se ve forzada a buscar la supervivencia en la unión americana.

El tema es de carácter universal. En México todos conocemos a alguien que por necesidad ha tenido que dejar casa, costumbres, círculos sociales, para buscar el porvenir en un país extraño donde las dificultades están a la orden del día. De igual forma, la migración es un fenómeno que ha acompañado a la humanidad desde que ésta lleva su nombre, incluso antes de que el homo fuera sapiens ya era un animal migrante.

La presentación resulta agradable a la vista. Desde un inicio, el investigador se muestra accesible en su narración, haciendo a un lado el bagaje científico para enfocarse en transmitir una historia “individual que representa una experiencia colectiva”.

El título: Mujeres cruzando la frontera. Podría pensarse, es una contradicción, puesto que el libro narra tan sólo la vida de Violeta. Sin embargo, el autor nos aclara que si bien, es la historia de una niña, ésta representa a un sector importante de población. En concordancia con esto, en la página 14 nos señala “cómo en un sujeto singular se manifiestan los problemas colectivos que atañen a millones de migrantes”.

La presentación cierra con un párrafo que ilustra cómo los académicos de la migración han explicado y cuantificado la problemática de la movilización de poblaciones en México “olvidándonos continuamente de la persona, que terminamos convirtiendo en una estadística más”. El párrafo, a su vez, termina con la humildad de un escritor que reconoce que de poco sirve una obra literaria sin la simpatía de sus lectores. Lo cual me siembra la duda de si esto fue escrito a conciencia o sólo coincide con la tesis central de La teoría de los Sentimientos Morales de Adam Smith, libro primigenio del padre de la economía; rama de la ciencia en la que el doctor Guillermo Ibarra ha edificado su carrera.

El primer capítulo, luego de una fluida presentación, viene a centrarnos en una familia rural. El segundo capítulo, titulado Don Rogelio, guarda una enseñanza que bien podría valer tres veces el precio del libro, y al mismo tiempo abona enormemente a la experiencia global de lo que transmite/enseña Memorias de Violeta.

Sin afán de spoilear, puedo decir que muestra una situación crítica cuyo desenlace es la tragedia. Si el segundo capítulo fuera fábula, la moraleja sería: las decisiones cruciales de un matrimonio deben ser compartidas por la pareja, no unilaterales.

Portada. Mujeres cruzando la frontera. Memorias de Violeta.

Portada. Mujeres cruzando la frontera. Memorias de Violeta.

Los que tenemos el gusto de conocer al doctor Ibarra sabemos que predica con el ejemplo en este lineamiento tan vital para la vida personal.

Luego de ésta tragedia parteaguas en el río de su vida, Violeta pierde la fe en lo divino. Ahí es donde encuentro la primera contradicción, cuando dice: “Duré muchos años enojada con Dios”, “ya no le tengo ese resentimiento”, “pero ya le llamo de tú, ya no le llamo de usted”. Tal vez sean sólo figuraciones mías, pero encuentro un remanente de resentimiento en ese cambio de pronombre que a muchos adultos les significa una falta de respeto.

La divinidad es un tema recurrente en el libro. Lo cual va en concordancia con el poema Sheep en la gran ciudad escrito por el autor de esta reseña, en el que se concluye que todos los libros hablan de Dios. Yo mismo no estoy completamente seguro de que esto sea verdad, pero el poema mismo me ha persuadido de ello.

En la página 48, Violeta hace una comparación entre el “paraíso” que le habían sugerido encontraría en Estados Unidos y aquel que ella imaginara a través de las lecturas de Mi libro de educación bíblica; mismo que “era muy verde, con gente bonita, muchas sonrisas, parecían todos felices.”

Lo cual contrasta con la realidad cruda, deshumanizante, de vivir en una casa donde un adulto perteneciente a su misma familia abusa de ella; protegido por la ignorancia de la propia madre que no da crédito a sus quejas, o bien, decide a sabiendas, hacerse de la vista gorda para no enfrentar al abusador.

La madre de Violeta, cuyo nombre no encontré por ningún lado, funge como guardiana y verdugo al mismo tiempo. En la página 67, lo deja muy claro: “Con el pasar del tiempo, mi mamá ya no me quería en su casa”, más adelante continúa “porque cuando pasó lo del abuso sexual, yo ya no hablaba con nadie, me cerré completamente frente a mi madre”.

Violeta tuvo muy en claro, desde temprana edad, que estudiar era su única vía de escape de la vida miserable que llevaba. Ésta es, en mi opinión, la enseñanza central de la obra del doctor Ibarra. Sin embargo, no fue una tarea sencilla. Su madre siempre estuvo en contra de sus estudios y la situación económica paupérrima fue un obstáculo constante.

Quizá de esta falta de apoyo maternal deriva Violeta su aversión hacia la Virgen de Guadalupe, máximo símbolo de la maternidad mexicana. La segunda contradicción que encuentro es en la página 94, cuando Violeta declara su repudio por la opulencia de la Basílica de Guadalupe en la Ciudad de México, contrastada con la población indigente a sus puertas, mientras que en la página siguiente declara que se sentía “bien orgullosa de ser mexicana”.

Si bien, esto es a todas luces una contradicción, creo que todos somos partícipes de ella. Incluso Alta Traición, de José Emilio Pacheco, gran poeta mexicano del siglo XX, da una muestra ejemplar de esto.

La tercera contradicción, la encuentro en la página 98 y subsiguientes. Violeta dice: “tengo una pequeña Virgen de Guadalupe, que no considero como algo divino sino como símbolo mexicano”. Pero más adelante señala “invoco al orisha ahí mismo, donde tengo a la Virgen, a la que también le prendo una vela”.

Si bien, es comprensible la distancia tomada para con la divinidad, en una vida que ha sido pletórica en sufrimiento, Violeta se ve orillada a buscar refugio en la santería luego de que la crisis de su matrimonio desembocara en hostigamiento.

Con el sufrimiento del matrimonio vinieron dos bendiciones: la nacionalidad americana, y la solvencia económica. Violeta jamás abandonó sus estudios, pero tampoco la añoranza por su país.

En la página 107, se lee “A pesar de que no hubiera obtenido la educación que he obtenido aquí, en Estados Unidos, siento que sería más feliz allá (en México) que acá”. Tres páginas después podemos encontrar: “Cada vez que me acuesto en esa cama, en ese pequeño espacio de estudio que tengo aquí en Urbana, me siento tan contenta que no lo cambiaría por el otro lugar”.

El ser humano es el perro de las dos tortas. Violeta en la página 110, hace lo que debió haber hecho el canino de la conocida fábula, conservar la que tenía en el hocico. A fin de cuentas, la vida es una lotería que te da siempre un premio con castigo. Puedes renegar de él, pero es tuyo. Lo tomas con estoicismo, o te quedas llorando.

La contradicción final, la encontré armónicamente, en las últimas dos páginas. 115: “Hace dos años hasta me hice ciudadana (americana) para votar y tener derecho a exigir”. 116: “mi respuesta es siempre es la misma: yo no soy americana, yo soy mexicana”.

La vida humana está repleta de contradicciones. Memorias de Violeta al ser un retrato verídico, confirmado por el epílogo de la misma protagonista, es natural que tenga en sí mismo las contradicciones encontradas; quizá algunas más, que pudieran escapar a mi perspectiva.

En mi propia experiencia, como aspirante rechazado por la Universidad de Illinois, no puedo evitar ser una contradicción viviente. Desvelos en mis vacaciones de diciembre por escribir un ensayo en inglés, costeando con dificultades económicas una aplicación que se cobra en dólares, no puedo evitar sentir algo de alivio, por no haber sido aceptado, al leer que Violeta considera que pudo haber sido “más feliz” acá, que allá.

Veo, con tristeza, comprobada en el nombre de la protagonista mi reiterada hipótesis de que nombre es destino: hay una violación en la historia de Violeta.

Veo, con agrado, que el mismo autor del libro haya incluido su sobrenombre personal, en el nombre de su libro: Memorias de Violeta. 

Aunque esto último pudiera ser sólo una coincidencia subrayada por mi mente, que encuentra placer en derivar simbolismos tanto en la lectura de libros como en la observación de la vida de los actores/autores/personajes que me resultan significativos.

Por la enseñanza de Don Rogelio, este libro lo debería de leer todo aquel hombre que se encuentre, o anhele encontrarse, unido en matrimonio. Por la enseñanza del valor de la educación, como vía de escape a la miseria, este libro lo debería leer todo estudiante de bachillerato y/o licenciatura.

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About Author

Remberto Germinal

Escuinapa, Sinaloa (1987). Profesor de inglés en EMSAD, Colegio de Bachilleres del Estado de Sinaloa, padre de familia y escritor incipiente. Lector, cinéfilo, gamer. Egresado de la Facultad de Estudios Internacionales y Políticas Públicas en la Universidad Autónoma de Sinaloa.

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