¿Te atreves a escribir? Piénsalo dos veces si eres un snob

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“…porque el verdadero artista
es el que se esclaviza a las más fuertes disciplinas,
para dominarlas e ir sacando de la necesidad virtud”
(Alfonso Reyes: La experiencia literaria, pp. 89)

En este instante pienso en las personas que hacen de su trabajo un fortín de habilidades y una forja de su destino mediante la disciplina, el esfuerzo y la dedicación; sin embargo, este comentario inicial sólo es una observación simple porque sé que en el fondo el último en conocer su vocación es uno mismo. Si tan sólo despertáramos a la conciencia de saber quiénes somos y qué deseamos, nuestro contexto tendría más gente capaz de desear un cambio, mayores propuestas para iniciativas socioculturales y científicos generosos con sus trabajos en beneficio de todos. Repito, “si tan sólo despertáramos a la conciencia…”.

Ahora que lo social importa más que el humanismo (situación dirigida por el establishment), la necesidad de reconocerse en el otro es menor porque buscamos el reconocimiento de quienes sabemos nos lustran el zapato. Yo opino totalmente lo contrario, pienso que el cambio lo haremos desde la visión personal que tenemos de las cosas –y eso implica un esfuerzo grandísimo para desbaratar los prejuicios, deconstruir el pensamiento y reinventarse como humano– y no caer en la eterna cantaleta de la queja hacia el sistema, un recurso común a falta de métodos argumentativos que se sustenten con validez.

También señalo algo que considero importante para quienes escribimos literatura. A través del tiempo, he visto cómo hay una queja enorme hacia quienes reparten el presupuesto en el rubro de cultura estatal y nacional. Después del acostumbrado cacareo y los sonidos grilleros, sale a flote algo que merece la pena decir: las becas culturales. ¿Qué esto? Para quien no lo sabe –y nótese, tampoco es obligación saberlo– las becas son un estímulo a la “creación artística”, lo cual es muy válido porque es un apoyo para el que desea trabajar en un proyecto sociocultural; sin embargo, esto no es el problema. Éste aparece cuando la queja se vuelve endémica y hay una culpa directa hacia un sistema ya caduco (mundo aparte con personas que se rigen por intereses propios y creados). Pienso, en este sentido, que no debemos tirar la piedra antes de tiempo ni aunque sepamos de quién se trata. El problema es que en México estamos acostumbrados a eso, a la grilla, en lugar de hacer nuestro trabajo como escritores y autogestionar la creación. Por eso, ¿te atreves a escribir? Comprométete, sino piénsalo dos veces si eres un snob.

Si no tienes medios que te apoyen, sé tú el medio. Si te quejas del establishment porque no concede becas a quienes “las merecemos”, inventa tu sistema de autogestión. Buscar culpables es muy fácil, excusarse porque no eres reconocido por un sistema cultural de gobierno tampoco tiene sentido. La literatura es un asunto superior, ajeno a los intereses personales. Precisamente, mala costumbre, todo queremos fácil. No batallar ni gozar de nuestro trabajo es digno sólo de quien no ve más allá de sus ojos. Mi propuesta, porque en lo personal no doy comentario sin solución, es la autogestión sumada al trabajo con oficio de la profesión que se tenga. La mía, sin duda, es por vocación, no por profesión.

Ahora bien, como mi propósito de trabajo es la creación literaria, la tarea que tengo es hacer, fabricar mi literatura. Un método es el ejercicio de la imaginación. Alfonso Reyes es ejemplo evidente, ver cita del epígrafe, con su desempeño como escritor. De manera ingrata en México es poco leído por ser considerado como un escritor de casta, no de raza.

Pero recordemos que escribir no es sólo un acto que se remite a las cosas que nos suceden o situaciones que pasan en nuestro contexto, sino también la escritura puede empaparse de imaginación. Yo pugno por ésta última, sin descuidar los elementos que se puedan aprovechar de la realidad, ya sea de experiencias propias o ajenas. Hasta ahí esto tiene sentido si entendemos que la literatura es ficción, pues, por más que se desee, la realidad jamás será una calca; función aparte, dicho sea esto, es pensar que la imaginación puede otorgarnos vivir una realidad alternativa y es ahí, precisamente, cuando entra el concepto de verosimilitud (hacer que lo que se escribe sea creíble).

También en nuestro país se tiene por costumbre que sólo trabajamos de lo que estudiamos y eso no lo veo del todo positivo, salvaguardando profesiones como la de médico, dentista u otras. La defensa común es “yo no trabajo sino de lo que estudié”. Creo, en este modo, que así la educación fomenta las especialidades y no la apertura personal hacia otras labores. En mi caso, ser escritor es estar comprometido con una postura y con un oficio. Escribir cada día pareciera utópico en este mundo contemporáneo, pero siempre hay tiempo para ahondar en las concavidades de la escritura.

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Luis Estrella

Luis Estrella (Ciudad Mante, Tamps.) Es escritor, poeta, mercadólogo, licenciado en Letras Hispánicas por la UANL. Autor del poemario La vida que pasa (Diáfora, 2013) y las novelas Después de la niebla (Nómada, 2015) y Los 70´s después de Cristo (2016).

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