Todo está en los detalles

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Cuando comenzamos a escribir, usualmente queremos hacer dos cosas: que nuestro personaje sea perfecto y que a los lectores les guste nuestra historia. Ya he hablado de los inconvenientes de tener un personaje “perfecto” y es normal y sano que deseemos que nuestra historia guste… pero caemos en un error muy grande en el proceso.

Verán, nosotros como escritores conocemos la historia, sabemos a dónde queremos ir y dónde están las partes jugosas, la intriga, la lucha interna del protagonista o la revelación del más grande secreto de nuestro personaje misterioso. Por eso mismo, queremos que nuestros lectores lleguen ahí lo antes posible, y solemos caer en la equivocación de poner acción tras acción en la historia. Al hacerlo claro que llevaremos a nuestros lectores más rápidamente a donde queremos… pero no van a sentir lo mismo que nosotros. No si los trajimos hasta ahí con prisa.

Por eso, mis compañeros escritores, debemos apoyarnos mucho en la descripción. La descripción de los lugares, de las ideas, de los sentimientos de los personajes. Con ella, el lector recibe breves pausas de la acción (incluso a veces forman parte de la misma) para dar una imagen más clara de lo que sucede.

Como ejemplo, imaginemos el magnífico cuento de Edgar Allan Poe, “El corazón delator”. Poe nos atrapa con las primeras líneas, describiendo cómo no está loco, que sólo un hombre cuerdo tramaría el asesinato del viejo de la forma en la que él lo hizo. Nos sumerge en los días previos a su crimen: por las noches abría la puerta despacio, muy despacio para no hacer ningún ruido. Horas podía pasar así. Cuando lograba tener una abertura del tamaño adecuado, asomaba una luz que daba directo al ojo lechoso del anciano, y lo miraba, preparándose para acabar con él. Son los detalles lo que nos atraen, los pensamientos del protagonista. Sabemos que el viejo va a morir, es de las primeras cosas que nos dice Poe, pero sus descripciones nos generan expectativa y suspenso. Sin ellas, el cuento sería mucho más corto y mucho menos impactante. Algo así como: “El ojo del viejo me volvía loco. Decidí matarlo. Una noche lo hice, lo corté en pedazos y lo escondí debajo de la casa…”. De seguir así, el cuento de cuatro páginas se convertiría en un comentario de media cuartilla. Y no nos gustaría.

El viejo de "El Corazón delator"

El viejo de “El Corazón delator”

“Bueno,” me dirán, “ya nos dijiste lo que no debemos hacer y que si lo hacemos a nadie le gustaría. ¿Tienes alguna buena noticia?”.

Pues… sí.

Hay muchos recursos para describir cosas. Una de ellas es poner atención a las partes más importantes de la historia y estar seguros que le dedicamos un par de párrafos a lo que piensan los personajes al respecto. Por ejemplo, describir el impacto o los sentimientos encontrados de un chico cuando alguien que no esperaba se le confiesa. O la ira del protagonista cuando descubre la traición de su mejor amigo.

Ahora, sin embargo, me gustaría centrarme en las descripciones más básicas: las del terreno o lugar donde está tu personaje. Esas son las que más se dejan de lado y son muy importantes para situar a tu lector en el ambiente de la historia.

Pintura "Los cinco sentidos"

Pintura “Los cinco sentidos”

La clave para las descripciones es usar los cinco sentidos. Imagínense el evento o lugar en el que están sus personajes. Por ejemplo, el laboratorio de una bruja. O, para hacerlo más cotidiano, el cuarto de un chico de quince años. Luego, tomen una hoja y hagan una lista. Primero, digan lo que ven: el lugar estaba oscuro, se veían frascos, una chimenea con una fogata, una olla sobre una mesa de madera. En el caso del cuarto del adolescente: ropa sucia en el suelo, una cama desarreglada, un escritorio con tarea a medio hacer. Luego, la nariz: olor a ropa sucia, olor a hierbas o a comida de la abuela. ¿Qué se oye?, tal vez un reloj de piso o música moderna. Ahora, el tacto: ¿Hace frío o calor? ¿Ver todo eso produce escalofríos? ¿Hay corrientes de aire? Del gusto no se puede hacer mucho a menos que el personaje esté comiendo, pero nunca hay que descartarlo. Pueden agregar un sexto elemento, que son los pensamientos o la opinión que tienen los personajes al respecto. Una vez que tengan todo anotado, pueden acomodarlo de acuerdo a la situación. No tienen que estar todos, pero si están la mayoría, ayudará mucho. El orden puede ser diverso, pero de preferencia piensen en las sensaciones que pueden llegar primero. Si el cuarto está oscuro, por ejemplo, el tacto, oído y olfato se agudizan. Si entran a un sitio que huele mal, es más probable que eso sea lo primero que capten y que se deba escribir.

Young woman lying on bed using laptop computer, in student dormitory

Cuarto de un chico de quince años

Aquí va un ejemplo:

“Cuando los niños entraron a la cocina de la bruja, se sorprendieron al descubrir que se parecía mucho a la de su abuela: habiéndose adaptado a la poca luz que daban las ventanas sucias, encontraron estantes con frascos de hierbas, canastas con verduras, plantitas que no conocían en macetas pequeñas… Ahora que lo pensaban, todo el lugar olía a vegetación, como a invernadero.

Daniel hizo un mohín, decepcionado. ¿Dónde estaban los ojos de sapo, las patas de gallina? ¡Esperaba asustarse en esa casa, no aburrirse!

Tina, en cambio, miraba por la ventana, extrañada. ¿No acababan de estar en un exterior de doce grados? Tal vez había un calentador cerca, pero no lo veía. Además, toda la cocina se sentía húmeda. Como cuando estás en un lugar encerrado en pleno verano.”

Ahora, en esos tres párrafos no hubo una acción a primera vista significatitva para la historia, pero indicó un par de cosas: lo diferente que podría ser esta bruja, lo perceptiva que es la niña y las ganas que tiene el niño de vivir una aventura con brujas y monstruos. Y esto, compañeros, es información muy importante que se dijo sin esas palabras exactamente, situando el lector en donde los personajes y dando ambiente.

Así que, ¡a describir! Que en los detalles lo está todo.

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About Author

Yolanda Chapa

Yolanda Chapa nace en Monterrey el 8 de junio de 1993. Es Licenciada en Letras Hispánicas. Ha ganado premios con sus cuentos y publicado tres libros: “Lani, la princesa gitana”, “Lani y el encuentro con La Muerte” y “Generaciones demoniacas”.

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