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LA MUCHACHA DE MONTERREY (THE MAID OF MONTERREY)

LA MUCHACHA DE MONTERREY

La dama de Monterrey es en la historiografía de la guerra México-Estados Unidos un icono preponderante en la narración de la batalla de Monterrey. Según los relatos ésta surge cuando Abiel Abott Livermore publica en 1850 en su libro Revisión de la guerra entre México y los Estados Unidos las vivencias de una joven nativa de Monterrey que muere en el transcurso de los combates cerca del fortín de la Ciudadela. El texto que se alude es el siguiente:

“…..Mientras me encontraba con nuestra ala derecha, en uno de los Fortines la tarde del 21, vi a una mujer Mexicana, afanosamente ocupada en traer pan y agua para los heridos de ambos ejércitos. Vi a este ángel auxiliador levantar la cabeza de un herido para darle agua y alimento y después, vendar la cruel herida con un pañuelo que desprendió de su propia cabeza. Habiendo agotado las provisiones, regreso a su casa para traer mas pan y agua con que socorrer a otros. Cuando volvía en desempeño de su función de misericordia, oí un disparo de fusil y la vi caer muerta a la pobre criatura inocente. Fue un disparo accidental, no quiero pensar de otra manera ¡Me dolió el corazón: aparte los ojos de la escena e involuntariamente los levante al cielo pensando: Gran Dios, ¿esto es la Guerra?

Al día siguiente pase por el lugar; el cadáver aun estaba allí; el pan a su lado y también el cántaro roto, en el que, todavía, unas cuantas gotas de agua era emblema de su diligencia. La sepultamos: mientras cavábamos la fosa, las balas de cañón caían enderredor como una granizada (Livermore, 1850).

 

Rápidamente la prensa norteamericana le da el nombre de “the maid of Monterrey” (la muchacha de Monterrey) y originó que músicos y escritores compusieran melodías y novelas que narraran las hazañas de la dama de Monterrey. Las estrofas de la canción son las siguientes:

The moon was shining brightly
Upon the battle plain
The gentle breeze fanned lightly
The features of the slain
Our guns had hushed their thundering
Our drums in silence lay
Then came the senorita,
The Maid of Monterrey

 

A lo largo de la historia, se le ha adjudicado equivocadamente el título de la dama de Monterrey a dos mujeres que la historiografía local registra como participantes en los combates: María Josefa Zozaya y María de Jesús Dosamantes. A continuación describiremos los actos de ambas y analizaremos sí realmente alguna de ellas es la “dama de Monterrey” de la que habló Livermore.