Diario Cultura.mx

Hay un lobo que se come el sol todos los inviernos de Gibrán R. Portela

Hay un lobo que se come el sol todos los inviernos de Gibrán R. Portela

Se cuenta que hay un lobo que se come el sol todos los inviernos. Dos niños, una madre, un padre, un verdugo y un pájaro; transportan al lector a una fábula sombría que deja un “colorín-colorado” escalofriante. La fantástica habilidad de la mente humana, llena de terror las páginas de Gibrán Portela, las cuales, crean un thiller psicológico, lleno de magia, confusión, crímenes y castigos.

La obra ganadora del Premio nacional de Dramaturgia, en el 2012, cuenta la confusa historia de Leo y Ham, dos niños que atormentados, escuchan las historias de su madre sobre el hombre que hace las pesadillas realidad; un lobo que busca dolor, sangre y espanto.

A lo largo de la obra, el autor da saltos en la cronología de vida de estos dos personajes, y va desenredando los cabos sueltos que surgen en los primeros párrafos, ¿quién es el monstruo?

Entre asesinatos y mensajes siniestros, Portela te transporta a las aulas más oscuras de la mente y el alma humana, dejando así una puerta a diversas cuestiones sobre los estímulos que provocan violencia, alteración, sofocamiento y aprehensión en el hombre.

Desde las tinieblas, el artista mexicano, encarna en su guión las maravillosas y espeluznantes conclusiones a las que el psicoanalista Freud temió llegar cuando descubrió el otro lado de la moneda que yace en nuestro ser, la cual vive latentemente a la mínima agitación. El terror que reside a flor de piel en nuestros huesos, se quita el disfraz de humano, y nace para ser el comensal del sol.

El sol que sigue alumbrando las mañanas de estos personajes, quema las posibilidades de sanidad y los lleva a descubrir sus peores miedos. Atravesando los afilados colmillos hambrientos, el lector cual presa, se hace partícipe de las intenciones de Leo y Ham, cuando descubre que no es una realidad ajena en la que se encuentra.

Una estructura discontinua, guía la atención del que lo lea, dándole las piezas de un rompecabezas dramático e inhóspito; el sentido de la obra se encuentra en su totalidad en los rincones más recónditos del pensamiento.

La descomposición y el derrumbe, son los elementos esenciales que penetran los sentimientos del espectador, los sentidos se vuelven consecuencias de la transformación que sufren al contacto con la desintegración de los elementos entre los actos.

Un asesino serial, muerte, sexo, canibalismo y tortura, dan cuerpo a esta impactante historia desgarradora de horror negro. Las indagaciones que se hacen entre los espacios que vinculan la naturaleza psicológica con las suntuosas emociones; desvisten las estrechas verdades que se encuentran añejadas entre parejas, padres e hijos y en la sociedad. El alma humana ruge con la búsqueda afanosa de la verdad, mostrando así, el lobo que se come el sol.