MANIFIESTO. RESCATAR LA CULTURA EN NUEVO LEÓN

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El presente manifiesto lo había nombrado originalmente ” La cultura para Nuevo León en el siglo XXI, y tenía estas palabras iniciales: “Seguramente en el suave viento del siglo 22, nuestras generaciones que se formarán escriban lo concerniente a la visión de los nuevos contextos, demandas y requerimientos del sector cultura en nuestro Estado, de aquella blanca parvada de los tiempos por venir”.

La intención del presente documento es informar y sensibilizar a la nueva administración pública, así como exponer algunos aspectos medulares que dan significado y visión al proyecto cultural de nuestro Estado.

RESCATAR LA CULTURA Y LAS ARTES EN NUEVO LEÓN

MANIFIESTO

La cultura y las artes en nuestro Estado deben fortalecerse y contar con un ecosistema eficiente para que las enriquezca y mejore constantemente, para logarlo, se presenta a su amable consideración la presente declaración de propósitos donde se exponen propuestas, estrategias y definiciones puntuales y esenciales para llevar esto a cabo.

Como primer paso, se percibe una comunidad artística seriamente dividida, los artistas deben despojarse del estigma de considerase sólo COMUNIDADES fragmentadas, carentes de toda figura jurídica. Tenemos que reconciliarnos, enfocarnos en nuestras coincidencias y objetivos en común, reconstruirnos, y formar genuinos GREMIOS: organizaciones inteligentes y dinámicos, que generan nuevas maneras de hacer las cosas y posibilitarlas con una filosofía clara, contundente, y un norte claro, porque en esa medida será la proyección y el logro de sus objetivos para procurar el progreso del oficio o profesión y de la calidad de vida del creativo, así como el desarrollo y mejoramiento de la actividad artística y cultural en nuestra Entidad.

La institución rectora de la cultura en nuestro Estado debe contar con un padrón de artistas siempre actualizado, debidamente estructurado, donde se dé a conocer la obra de nuestros creativos en una plataforma digital, además, todos los empadronados deben contar con credencial de afiliación; así como contar en el organismo con un área de asesoría legal, fiscal y de derechos de autor para los artistas, promotores y gestores culturales.

La cultura se define como el conjunto de los rasgos distintivos, espirituales, materiales, intelectuales y afectivos que caracterizan a una sociedad o un grupo social. Integra, además de las artes y las letras, los modos de vida, los derechos fundamentales al ser humano, los sistemas de valores, las tradiciones, las creencias, los idiomas, los saberes, instituciones y modos de vida por medio de los cuales una persona o un grupo expresa su humanidad y los significados que da a su existencia y a su desarrollo.

En la dirección y administración institucional de los intereses artísticos y culturales de nuestro Estado se debe poner freno a más falsos liderazgos ajenos a los acuerdos y los consensos, donde la arrogancia, elitismo, clasismo y la verticalidad edifican una visión de Estado que ha derivado en una cooptación que ya no es deseable que persista. Se ha carecido de auténticos humanistas visionarios comprometidos con el fomento, desarrollo y protección de la diversidad de las expresiones culturales de todos los municipios de Nuevo León.

La institución rectora de la cultura en nuestro Estado, sea cual sea su nombre, no ha sido inamovible,  ha tenido constantes cambios:  La Secretaría de Servicios Sociales y Culturales (1974), una Subsecretaría de cultura dependiente de la Secretaría de Educación y Cultura (SEyC); el Instituto de Cultura de Nuevo León (ICNL) (1989); la Secretaría de Desarrollo Social que fusiona la cultura (1991); el Consejo Estatal de la Cultura y las Artes (1992), y el Consejo para la Cultura y las Artes de Nuevo León (CONARTE) (1995).

Nuestro Consejo, sin embargo, es vulnerado cuando la directiva del organismo promueve “mayoritear” en contra de los intereses de los artistas, sin permitir discutir previamente los proyectos con los gremios.  El Consejo se agota cuando a un vocal no se les permite solicitar una votación, o cuando no se les permite discutir asuntos importantes de sus gremios porque se deben filtrar y tratar dichos temas en las juntas de comisión, que no suelen publicar las actas de sus acuerdos.  Cuando pudiendo discutir temas importantes se agota el tiempo deliberadamente en reportes de número de vistas abstractas de los eventos virtuales siendo el Consejo esclavo de los indicadores numéricos, olvidando las evaluaciones cualitativas, o cuando el Consejo se reduce a ser sólo receptor de la información, o cuando al vocal crítico se le amedrenta y amonesta.

La directiva de CONARTE discrecionalmente suele sentar al Consejo a la gente que considere conveniente para darle voz, al vocal no se le permite invitar a nadie. Las juntas de Consejo no deben sesionar nunca a puerta cerrada. El Consejo y sus sesiones deben ser de carácter participativo, abiertos a los artistas, dando voz a quien desee aportar ideas valiosas.

Hoy en día, con más de un año de parálisis de la actividad artística en Nuevo León, y bajo el argumento oficial de que la cultura es una actividad no esencial, se ha matado la cultura prácticamente, se requiere de manera impostergable, nuevas políticas culturales de largo plazo para revivirla plenamente.  

Debemos recordar que las políticas públicas son acciones de gobierno con objetivos de interés público, que surgen de decisiones sustentadas en un proceso de diagnóstico y análisis de factibilidad para la atención efectiva de problemas públicos efectivos, en donde participa la ciudadanía en la definición de problemas y soluciones. Una acción de gobierno que no se ajusta a estos preceptos no es una política pública, sino un acto de autoridad.

  Adicionalmente, se requerirán programas de apoyo a corto plazo para los artistas, promotores y gestores culturales cuya actividad laboral ha colapsado gravemente por las medidas de confinamiento y distanciamiento social, muchos países han considerado diversos programas de rescate, con el fin de volver armar el engranaje artístico que se ha desmantelado, garantizar los derechos culturales a los ciudadanos. Debemos posicionar estratégicamente la cultura como el cuarto pilar del desarrollo en todos los municipios de nuestro Estado; y evitar la fuga de cerebros creativos.

Es preocupante, sin embargo, que en 2021 el 71% del presupuesto anual de CONARTE se va para gastos personales (salarios y gastos de operación) y sólo el 29% está destinado a programas y proyectos.

Para agravar más la situación, consideramos que no es justo que, siendo Nuevo León una entidad que aporta más recursos a la federación que Jalisco, La Secretaría de Cultura de Jalisco recibió en 2019, antes de la pandemia, 723 millones de pesos, mientras que CONARTE recibió en ese año sólo 154 millones de pesos, casi cinco veces menos que Jalisco.

El Gobierno Estatal y los gobiernos municipales deben invertir cuando menos el 1% de su presupuesto en Cultura, como lo recomienda la UNESCO. Mientras en Nuevo León se invierten 17 centavos de dólar por habitante, EEUU, Inglaterra, Alemania y Francia invierten 3, 29, 35 y 36 dólares por habitante respectivamente.

Sin embargo, debemos reconocer que, sin políticas públicas sólidas, sin estrategias y programas de acción inteligentes, ningún recurso monetario servirá.

Se requiere, además, de manera urgente, una política de Estado para garantizar que los trabajadores de la cultura, sin excepción, sean justamente remunerados por su trabajo creativo, incluyendo los producidos y distribuidos a través de medios digitales, que se elabore un tabulador de carácter público, y que sea una estricta obligación de quien les elabore un contrato, que les dé a los prestadores del servicio una copia de este con todas las firmas y sello.

Nuestro Gobierno Estatal debe crear esquemas o mecanismos de seguridad social para los artistas y promotores culturales. Ningún artista en Nuevo León debe fallecer por no tener garantizado su derecho constitucional a la salud (física y mental) y alimentación. Debemos eliminar la precariedad laboral en este importante sector hoy, y para las futuras generaciones.

Necesitamos que el Gobernador, y los alcaldes municipales, tengan cuando menos una reunión abierta, incluyente y participativa con artistas y promotores culturales, para, como autoridades, puedan evaluar de primera mano la evolución, necesidades y áreas de oportunidad del sector cultural.

Nuestra institución estatal de cultura debe, no por opción, sino por obligación, trabajar para el fomento y desarrollo de la cultura de Nuevo León, la promoción de la obra de nuestros creativos. Tenerse como política de Estado un permanente diálogo con los artistas, actualmente se percibe un serio divorcio, muchos creativos se sienten decepcionados de la gestión del organismo cultural y se alejan de la institucionalidad.

Para potenciar y hacer más eficiente la cultura en nuestro Estado es necesaria la elaboración de mecanismos de participación ciudadana en los procesos, sistemas eficientes de transparencia y de rendición de cuentas.

Debemos tener presente que la transparencia en la información va más allá del simple hecho de publicar documentos y datos existentes de la institución: La información deber ser de calidad, entendiendo ésta como veraz, clara y oportuna. Asimismo, debe ser congruente, tomando en cuenta que la información tiene una finalidad con respecto a la rendición de cuentas, permitiendo que todo cuanto difunda la institución pública sea comparable con otra información relacionada; y debe ser de fácil acceso, comprensiva, relevante y confiable.

 Además, se debe restituir y reglamentar el presupuesto participativo que tenían desde hace más de quince años las siete disciplinas artísticas (artes plásticas, música, danza, literatura, cine, teatro y fotografía), que incluya a los municipios de Nuevo León, porque es un reclamo general, que, en la práctica, los consejos de cultura municipales se crean con diferentes criterios, tienen un sesgo parcial, y suelen ser más un obstáculo que facilitadores. Nuestros artistas y promotores culturales de nuestros municipios necesitan puentes, no muros.

El apoyo a las asociaciones civiles debe manejarse bajo convocatoria con reglas claras que proporcionen un piso parejo para desterrar de raíz los apoyos discrecionales.

Nuestra institución estatal de cultura debe también tener un programa permanente de capacitación para nuestros artistas, promotores y gestores culturales, tanto como para elaborar proyectos viables, marketing, finanzas, cómo ser autogestivos, cómo formar públicos, cómo formar cooperativas, cómo conseguir patrocinios, cómo relacionarse con las empresas, esto con el fin de que no se dependa únicamente de las becas o apoyos del Gobierno del Estado, que se tenga un amplio abanico de opciones y posibilidades para emprender proyectos culturales.

Sin embargo, hay que tener conciencia de que la Cultura es también la base de la construcción de ciudadanía e identidad de las personas, es el sentido de pertenencia, el conjunto de sentimientos, percepciones, deseos, necesidades, afectos, vínculos y el último reducto de un espacio de valores humanistas como la igualdad, la fraternidad y la libertad.

Por lo anterior, la “economía cultural”, debe ser sólo un programa, pero no la política cultural del Estado de Nuevo León. Nuestra institución estatal de cultura tampoco puede convertirse en el respaldo de la industria del entretenimiento, la cultura es más que eso. La cultura y las artes son derechos, no mercancías.

Es bien sabido que la cultura puede reconstruir el tejido social que tanto necesita nuestro Estado, es fundamental para la prevención del delito, también es un tema de seguridad invertir en arte y cultura, abrir espacios de convivencia culturales puede cambiar el rostro de una ciudad de una manera deslumbrante.

Es importante señalar la asignatura pendiente del regreso de la enseñanza de las artes a las secundarias en coordinación con las autoridades de educación, para que los jóvenes se sensibilicen y busquen su voz y discurso creativo.

En nuestra institución rectora de cultura del Estado se debe liderar un sistema integral que catalogue nuestro patrimonio cultural tangible e intangible de cada municipio de nuestro Estado en una plataforma digital, así como la elaboración de un catálogo de registro de nuestro patrimonio perdido, para valorar la investigación y el rescate de nuestra memoria cultural.

De manera reiterada es la apremiante necesidad de rehabilitar teatros, y espacios culturales que se encuentran en abandono, y de estímulos especiales a aquellos espacios culturales que se encuentran en activo, así como de aquellas empresas que desean invertir en cultura.

Es fundamental fomentar la crítica literaria y artística, dar oportunidad de publicar a nuestros escritores de Nuevo León, restituir la dictaminación en base a la revisión de pares ciegos para suscitar la creación de obras que espiren a lo artístico, necesario también crear una imprenta estatal y diseñar un sistema eficiente de distribución de los libros de nuestros autores, nunca más permitir que estos se queden embodegados con el paso de los años.

Fuente importante para el desarrollo de nuestra Entidad es el turismo cultural. La cultura en Nuevo León y su instrumentación, debe ser la admiración en otras latitudes, deben brotar en abundancia las diversas expresiones culturales, fluir, y si no lo hace, es nuestro deber abrir “boquetes”, para que la cultura no deje de latir en Nuevo León.

MONTERREY, NUEVO LEÓN, A 16 DE JUNIO DE 2021

FERNANDO ARTURO GALAVIZ YEVERINO

Nota: Tengo este manifiesto dirigido a la Comisión de Educación, Cultura y Deporte del H. Congreso del Estado de Nuevo León, si lo desean consultar aquí está el siguiente enlace para que bajen el pdf:


https://bit.ly/366peFj

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About Author

Fernando Arturo Galaviz Yeverino

Licenciado en Informática Administrativa por la Facultad de Contaduría Pública y Administración, de la UANL. Es escritor, artista visual y gestor cultural. En 2007 recibe reconocimiento del Museo Joaquín Cervantes Bassoco MUCAHI de Cuautla, Morelos por la promoción cultural de la narrativa gráfica. En 2011 funda el grupo de ciencia ficción hiperespacio. Forma parte de la comisión académica de formación y reflexión de Nodo52 Red de Promotores Culturales de Nuevo León. Está incluido en las antologías “Teknochtitlán: 30 Visiónes de la Ciencia Ficción Mexicana” y “Verso Norte Bitácora de Voces2011”. Ha coordinado números especiales de ciencia ficción en las revistas literarias Urbanario, Oficio y Papeles de la Mancuspia. Fue antologador de los libros de ciencia ficción “Mundos Remotos y Cielos Infinitos”, “Cuadrántidas” y “Scifi-Haikai”. Ha publicado también “Afrodisiacos”, la antología “Borrosa visión en la lejanía”. Ha colaborado para el periódico “Milenio” y “Amazing Stories”.

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