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Toque de queda en la ciudad

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Título: “Cérbero” – Técnica: tinta china sobre papel – Medidas: 60 x 24 cm – Año: 2018 – Autor: Alfonso Delgadillo

antes de que los relojes doblen la esquina de la medianoche la ciudad ya tiene las luces apagadas y solamente los focos de la entrada principal de las casas están encendidos, como una manera de anunciar que no se quiere tener problemas con quienes viven para saquear la noche.

Este acontecimiento sucede cada día más en la ciudad de Monterrey. Antiguamente, podías librar pasajes oscuros de colonias recónditas con una santiguación, apelando también para que algún perro no se animara a afilar los colmillos en las piernas. Ahora es muy distinto, a pesar de haber sucedido una década donde el terror se apoderó de las aceras, es latente la amenaza, sentirte como animal arrinconado no es un derecho natural, sino obligado.

En este mundo actual, al salir a la calle, sea en el aire matutino con el aroma, siempre a néctar proveído por rosales, tener cuidado se ha convertido de síntoma a problema; sea en el insondable negro de la noche, a donde vayas tienes que hacer de búho para que no te llegue el zarpazo criminal. No solamente, es cierto, no solamente cuidarte, sino prevenir situaciones. Uno ya no puede acercarse a alguien y preguntarle la hora, porque también hay desconfianza en el otro. Y ese otro, igual a mí, me pregunto qué piensa, pero sobre todo qué siente. ¿Habrá algún momento de la historia en que podamos dialogar sin el paréntesis de la duda? Y, por cierto, ese otro también puede tener fe y creer, pero en este tiempo dudar de la vista es abrir otro sentido, afirmar de facto que estamos hechos para la pelea si es necesario, en lugar de usar argumentos que tejan realidades positivas.

Me convenzo diariamente que, sin usar la hipérbole, construir una arboleda pacífica ya resulta utópico, pensando en que de pronto una tromba apocalíptica llegue a la tierra y derrumbe toda maleza de inquina y polución humana. ¿Qué podemos hacer para seguir aferrándonos a la buena voluntad? Difícil es imaginar escenarios en los que la música armónica de la equidad y el respeto prosigan, por lo que existir viene siendo un momento histórico personal y colectivo, donde ser iguales equivale a ser diferentes, aceptando así nuestras limitaciones y exigencias. Fácil es afirmar que la corrupción es el pan diario -porque es así-, sucede en esferas de todo tipo, incluso hasta en los trabajos, donde los derechos se reducen a un sistema salarial ajustado al mercado y las prestaciones de ley se limitan a un seguro social cada vez más precario, decaído, en donde el servicio es burocrático, como en una selva de negligencia.

Basta acudir a un hospital público para darte cuenta del lugar que tenemos como entes sociales, creyendo que obtener algunas medicinas y cierta atención médica es nuestro máximo derecho como ciudadanos; sin embargo, la raíz del problema no está ahí, es solo una consecuencia de acciones ejecutadas erróneamente por gobiernos corruptos.

Pero así como el anterior ejemplo, hay muchos. Observa solamente quiénes están en los cruceros de las avenidas. Ves a inmigrantes nacionales y extranjeros, con la cara herida por el calor y el pecho inflamado de miseria. Te piden ayuda… y como persona, apelas a la empatía, sacas unas monedas y la otra persona te da las gracias. Sucesivamente, hay quienes usan esta situación como excusa, abusando de las buenas intenciones; no obstante, ¿ayudamos sin mirar a quién? No pensemos en lo que podrá ser, sino en cuánto tiempo estaremos así. Es difícil imaginar escenarios optimistas, cierto, es concretamente duro.

Resignarse no es opción ni vía. Reflexionar es el siguiente paso en el camino del presente, mas creer que un toque de queda, por citar esta expresión a modo metafórico, es parte de nuestras vidas resulta la más perversa acción que podemos padecer, es abstenerse y aceptar que estamos vinculados a una edad oscura en la que quienes criminalizan las calles, de sombrero blanco o negro, tienen el derecho a llevar las riendas de nuestro país. Resulta que no es, que las batallas se ganan diariamente, sin ametralladoras ni clarines; se vindican con la acción de seguir pugnando por caminar hacia escaños más libres, despojados de toda índole corrupta, sin ofender, manteniendo la mano extendida y la mejilla puesta.

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About Author

Luis Estrella

Luis Estrella (Ciudad Mante, Tamps). Es escritor y poeta, licenciado en Letras Hispánicas por la UANL. Figura en el libro de cuentos Calidoscopio (2005), publicado por la Facultad de Filosofía y Letras de la UANL, con el cuento “La muerte de Emilio”. En poesía con La vida que pasa (Diáfora, 2013). Ha publicado las novelas Después de la niebla (Nómada, 2015) y Los 70´s después de Cristo (Resolana, 2016). Trabaja en su tercera novela. Ha colaborado en diversas revistas y periódicos, así como en diversos proyectos culturales que difunden la lectura; fundó la revista literaria La Llave (2014-2015). En la actualidad escribe para las revistas Diario Cultura, SubUrbano y Merca 2.0. Labora en Playful, una agencia consultora de business innovation como Copywriter creativo.

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