Coin Arte. Primera entrega. Por Edgar Leal

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Entendemos, por lección histórica, que toda civilización con un notorio crecimiento progresivo, da muestra de su mismo desarrollo en gestos generales, sean estos pecuniarios, científicos, humanísticos y/o culturales.

 Todos estos campos se desarrollan con una certeza casi siempre simultánea: no es coincidencia que a la acumulación de grandes capitales siga el desarrollo de imponentes proyectos artísticos y culturales, pues sabemos, también por lección histórica, que estos fenómenos se suceden –digámoslo cristianamente– por añadidura.

Y Nuevo León, orgullosa urbe que durante los últimos 120 años –por lo menos- ha anunciado con bombo y platillo sus grandes logros empresariales, mucho ha quedado a deber en el ámbito artístico y cultural.

Esto abre una gran interrogante: ¿qué ocasiona que ocurra este fenómeno particularmente en Nuevo León?

La pregunta se vuelve de urgente contestación al pensar que esto ocurre hoy no sólo en Nuevo León, sino en todo el país.

Sin embargo, un asunto a destacar es que Nuevo León ha mostrado esta característica prácticamente desde que inició su crecimiento; no así con Jalisco, por citar un ejemplo: Juan Rulfo, José Clemente Orozco y Juan José Arreola son tan solo tres casos de los muchos que hubo en tierras tapatías; de la capital, hoy CDMX, ni hablar.

Ahora, el panorama pinta muy a la “Nuevo León” por todo el territorio nacional.

Y eso sí es verdaderamente preocupante.

Más si observamos que el estilo Nuevo León ha contagiado al resto del país, no al revés.

¿Existe una respuesta satisfactoria a este curioso fenómeno?

¿Se trata de un carácter generalizado por el “humor” cultural nacional?

¿O hay, acaso, algún indicio provocador, una mecha que alcanza el explosivo, una suerte de estímulo-respuesta a este peculiar asunto?

Podemos pensarlo un poco más detenidamente si asimismo nos detenemos en los detalles que forman y conforman nuestro caminar cultural histórico; tendremos una mejor perspectiva si asomamos la cabeza, primero, en lo más reciente de la historia; quizá –lo digo al tiempo asombrado e irónico- ese pedacito de la enorme cultura nacional nos ayude a describir el resto del terreno, como la punta del iceberg dicta la naturaleza de lo que yace bajo el agua.

Y la mejor radiografía se muestra, siempre, en dos de sus partes: la institución oficial, por un lado; la cultura marginal, por el otro.

Asunto curioso: siempre una es fiel reflejo de la otra, solo que sus detalles –muchos de ellos ocultos o camuflados, otros muchos contrastados en determinadas minucias– se vuelven muy notorios cuando se les expone a la luz.

Comencemos, pues, por la institución, presunto ejemplo de nuestro carácter cultural.

Mucho se ha escrito sobre Conarte durante esta gestión 2015-2021.

Y este detalle particular –podríamos pensar– supone una buena señal, pues la cultura engendra cultura.

Sin embargo, el contraste que observamos en las diversas publicaciones al respecto llama la atención: o bien algún medio celebra orgulloso sus grandes logros o bien algún otro medio –o entes culturales particulares, como el caso presente– observan contradicciones, a veces maquilladas de éxitos, a veces mostradas con una desfachatez desconcertante.

Desde su inicio, la presente administración ha tenido detalles peculiares en sus decisiones: desde la contratación, en 2015, de Carlos Rogelio Beltrán Briseño, exfuncionario cultural conocido por su experiencia en el Museo Regional de Guadalajara, perteneciente al INAH, para detalles sobre el historial del individuo en cuestión, sírvase leer artículo redactado por quien suscribe:

https://lealedgar.blogspot.com/2017/03/sinarte-lo-de-hoy-o-te-vas-porque-yo.html

pasando por una serie de sucesos y acciones claramente irregulares durante toda la administración hasta las declaraciones presupuestales para el año 2021.

Y de esta última, la gran interrogante: si bien se asignó a Conarte la cantidad de $173;921,929.00 (ciento setenta y tres millones novecientos veintiún mil novecientos veintinueve pesos 00/100 M.N., para leerlo con claridad), $91;083,929.00 (noventa y un millones ochenta y tres mil novecientos veintinueve pesos 00/100 M.N.) se designan al rubro de “servicios personales”.

Presupuesto aprobado por el Congreso de Nuevo León y votado por mayoría de 18 a favor y 2 en contra por el cuerpo de vocalía de Conarte.

Hablamos de 2021, en vísperas de cumplir un año en contingencia por la pandemia de SARS Cov-2, Covid-19.

Entendemos que la cultura está paralizada: si bien los artistas –al menos la mayoría, esos que no gozan de los beneficios de la “beca eterna” o son tocados por la égida de cualquier apoyo estatal o de estímulo fiscal alguno– siempre han tenido que “rascarse con sus propias uñas”, pues sabemos que, del mismo modo discrecional con que se ha catalogado el rubro “servicios personales”, se elige al acreedor de cualquiera de los beneficios mencionados, dejando al grueso de los principales actores culturales, es decir: gestores, productores y críticos culturales, principalmente.

Uno tras otro, los detalles que deja ver la actual administración de Conarte llenan de más dudas que satisfacciones: nutridos grupos culturales independientes ya se han sumado a las interrogantes aquí presentadas, muchos de cuyos integrantes son olímpicamente ignorados por la institución, cuando no su persona, sí su obra:

¿Cuántos productos públicos podemos notar en los que interviene Conarte, comparado con todos los productos culturales ejercidos por los artistas que gestionan, producen y difunden “por la libre”?

La culpa, huelga decirlo, no es de los actores culturales.

A menos que consideremos que tiene más importancia derrochar grandes cantidades de dinero en un “mall” cultural que ya se prepara en el Antiguo Palacio Federal que en las calles, verdadero motor de nuestra cultura.

Esto sumado a la omisión de mencionar qué ocurrirá con el Encuentro Internacional de Escritores, el Festival Internacional de Cine y el Festival de Expresiones Urbanas Callejeras, ya puntualizado por Fernando Galavíz.

Seguramente no alcanzó el presupuesto “discrecional” para estos eventos.

Uno a uno, todos los detalles que suman enormes cantidades de dinero opacamente declarado, marginación de un gran porcentaje de artistas y la consiguiente –y ya muy tradicional– apatía por parte de la sociedad civil, dejan un desconcierto que crece en las condiciones de contingencia por las que cruzamos ahora.

Más aun considerando que este ya es el último año de la actual administración, de cuyos detalles nos falta muchísimo hablar, como muchísimo nos ha quedado a deber la institución cultural, mientras los artistas independientes, día a día, dan muestras que la cultura no muere, pero se congestiona gravemente cuando la institución, deliberadamente, ignora la necesidad de la cultura en aras del progreso simulado en sus edificios y recompensante de sus burócratas: noventa y un millones de pesos no son simulados.

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Edgar Gabriel Leal Galván. Nace en la ciudad de Monterrey el 17 de septiembre de 1975. Tras realizar estudios de artes y filosofía, emprende su trayectoria en la especialización de las artes como curador y crítico cultural. Desempeña, al mismo tiempo, el ejercicio de la escritura bajo los formatos de poesía, cuento, crónica y ensayo. Escribe artículos periódicamente en medios tanto impresos como electrónicos. Su blog personal se encuentra en https://lealedgar.blogspot.mx Actualmente dirige su propia galería, ubicada en Valentín Gómez Farías # 760-B entre Matamoros y Allende, Barrio Antiguo, Mty. N.L.

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About Author

Fernando Arturo Galaviz Yeverino

Licenciado en Informática Administrativa por la Facultad de Contaduría Pública y Administración, de la UANL. Es escritor, artista visual y gestor cultural. En 2007 recibe reconocimiento del Museo Joaquín Cervantes Bassoco MUCAHI de Cuautla, Morelos por la promoción cultural de la narrativa gráfica. En 2011 funda el grupo de ciencia ficción hiperespacio. Forma parte de la comisión académica de formación y reflexión de Nodo52 Red de Promotores Culturales de Nuevo León. Está incluido en las antologías “Teknochtitlán: 30 Visiónes de la Ciencia Ficción Mexicana” y “Verso Norte Bitácora de Voces2011”. Ha coordinado números especiales de ciencia ficción en las revistas literarias Urbanario, Oficio y Papeles de la Mancuspia. Fue antologador de los libros de ciencia ficción “Mundos Remotos y Cielos Infinitos”, “Cuadrántidas” y “Scifi-Haikai”. Ha publicado también “Afrodisiacos”, la antología “Borrosa visión en la lejanía”. Ha colaborado para el periódico “Milenio” y “Amazing Stories”.

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